La puntilla

De entre las múltiples desgracias económicas que nos afligen faltaba una por venir, una que afectará de forma muy particular a los peluqueros y que me atrevo a aventurar, ojalá me equivoque, que está al caer.

Se trata de la subida del IVA al 18 %, y eso suponiendo que el tipo general no sea también aumentado. Como saben, hoy hay varios tipos de IVA: el general del 18 % que se aplica a la práctica totalidad de los servicios y productos; el reducido al 7 %, del que disfrutan algunos servicios y productos concretos, en general bajo el razonamiento de que se trata de actividades que utilizan mucha mano de obra y por tanto tienen poco IVA deducible; y el tipo superreducido que tienen algunos productos de primera necesidad.

Cuando el Gobierno, acuciado por la Unión Europea para reducir el déficit público, se plantea incrementar sus ingresos y entre las medidas encaminadas a ello estudia una subida del IVA, no hace falta ser muy perspicaz para intuir que los primeros en caer serán aquellos servicios que hasta ahora se estaban beneficiando del tipo reducido, de modo que se equiparen al tipo general.

Esto no es ley todavía, no está escrito en ningún sitio, pero por sentido común y, sinceramente, por algunos contactos que he tenido ocasión de mantener en las últimas semanas, creo que harían bien los peluqueros en prepararse para lo peor.

¿Y por qué lo peor?, puede preguntarse alguno, si el IVA es un impuesto que en principio se repercute directamente al cliente y por tanto no debería suponer un problema para el empresario. Pues por la sencilla razón de que si el consumo en peluquería ya está bajo mínimos, aplicándole un aumento del 10 % a los servicios podemos darle la puntilla. Un 10 % que además no sería para la empresa, sino que simplemente se recaudaría para Hacienda. Más de un profesional tendrá que escoger entre aumentar ese impuesto y repercutirlo por tanto al cliente (con lo cual arriesga una bajada de ingresos, pero al menos puede justificarse alegando que es una obligación legal) o asumir él ese coste y mantener los precios, “obsequiando” de su bolsillo al cliente con ese 10 % de aumento. Pero sinceramente, ¡quién está en condiciones hoy en día de reducir sus márgenes en una 10 % más?

Habrá que hilar muy fino para adelgazar aún más los costes, y habrá que idear mil estratagemas en cualquiera de los dos casos. En el primero, para conseguir que los clientes, a pesar del aumento, sigan consumiendo, y para compensarles de alguna manera. En el segundo, para provocar un efecto de aumento de visitas que nos compense ese margen que vamos a perder. Tiempo para el ingenio y para los asesores.

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