No me toques las tijeras…

No sé si lo saben, pero ése, todo junto, es el nombre de una plataforma de internet que Apebcn, la asociación de peluquería y estética de Barcelona, ha creado hace poco para coger todas las iniciativas, quejas y sugerencias de los profesionales del sector.

Por desgracia no va a faltarles trabajo, porque un auténtico tsunami se abate en estos momentos sobre la peluquería española tras la decisión del Gobierno de subir el tipo de IVA aplicable a este colectivo del 8 al 21 %. Llevamos ya unos años en esto y no recordamos ningún sector económico que jamás haya sido objeto de un golpe tan brutal. Sabemos, claro está, que el Gobierno no tiene nada personal contra los peluqueros, aunque es inevitable el chiste fácil de constatar que, por su aspecto, los señores Montoro y De Guindos poco conocimiento práctico pueden tener del ramo. Pero la realidad es que si alguien hubiese pretendido, con toda premeditación y alevosía, hundir al sector, no hubiese podido hacerlo mejor.

En efecto, en una época en que el consumo de servicios de peluquería ya se había retraído hasta extremos preocupantes (hay quien habla de un 30 % menos en los últimos años), castigar a las empresas del ramo con un aumento del 162 % en su carga impositiva (eso es lo que supone pasar del 8 al 21) es, por decirlo claramente, un auténtico disparate, propio de quien desconoce el mundo de la peluquería y sus particularidades, o tal vez de quien sabe que el sector no tiene medios de presión para movilizarse. Esto último es bastante cierto, para qué engañarse. Pero algo habrá que pensar.

Tres alternativas tiene el profesional: repercutir el aumento del IVA (un 13 %) al cliente para quedarse sin ganar ni perder nada, pero con la consecuencia inevitable de perder visitas; absorber el aumento a costa de sus propios márgenes, cosa que hoy se antoja inviable ante la progresiva pérdida de rentabilidad que ya se ha registrado en los últimos años; o una solución a medio camino, que consiste en repercutir una parte del aumento y absorber el resto, lo cual tiene todos los inconvenientes de las dos anteriores y pocas ventajas, salvo que se le explique muy bien a la clientela el esfuerzo y favor que se le hace. Bueno, y todo ello sin descartar lo que muchos expertos vaticinan, que es un aumento exponencial del fraude. Eso sí: piénsenlo bien, porque Hacienda ya ha amenazado con inspecciones masivas.

La medida es torpe, es injusta, es cruel y discriminatoria. Torpe porque me apuesto lo que quieran a que no conseguirá lo que pretende. Injusta porque castiga innecesariamente a un sector ya muy tocado. Cruel porque llega en un momento especialmente duro y después de muchos esfuerzos ya hechos. Y discriminatoria porque no afecta a todos por igual: casi ningún sector ve aumentar su IVA en 13 brutales puntos. Todos podemos entender la desesperación de un Gobierno que no es capaz de cuadrar las cuentas tal como le exigen los cada vez más numerosos acreedores, y que ciertamente no es el culpable principal de la crisis que nos aplasta. Pero a unos mandatarios que prometieron todo lo contrario y que parecen dispuestos a exprimirnos hasta sacarmos la última gota de liquidez hay que pedirles ejemplaridad, y a nadie se le oculta que hay mucho, muchísimo gasto político (que no es lo mismo que público) por recortar. Eso no se ha hecho y no parece que se vaya a hacer. Los políticos, de uno u otro signo, tienen como principal meta colocar a los suyos, que a su vez les devuelven el favor apoyándoles en sus congresos. Una reducción sustancial de cargos públicos implica dejar a muchos “de los nuestros” en la cuneta. Y eso sí que no: es preferible que queden en esa cuneta miles y miles de autónomos que ya se buscarán la vida.

La demagogia es una tentación fácil, y quienes me conocen y siguen hace años saben que no me siento especialmente inclinado a ello. Yo no soy peluquero, pero llevo cerca de 25 años asesorando a muchísimos de ellos y sé perfectamente lo que cuesta actualmente levantar este tipo de negocios y los sacrificios que se han efectuado en los últimos años. Aprovecho hoy para solidarizarme con ellos, para ofrecer nuestros medios para canalizar sus quejas, para ponernos a su disposición para buscar alternativas y soluciones, y en definitiva para combatir juntos como podamos una medida que solo va a provocar más paro, más empobrecimiento y que empujará al sector un poco más hacia abajo, cuando ya estaba con el agua al cuello.

Búsquenos en Facebook, “no me toques las tijeras” y aporte sus opiniones e ideas. Todos son necesarios.

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