La carta de despido

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Una relación laboral se inicia con un contrato y se extingue, si es a instancias de la empresa, con una carta de despido. Ambos documentos, por tanto, resultan fundamentales para garantizar al empresario que no tendrá sorpresas desagradables debidas a reclamaciones de sus trabajadores. Hoy nos centramos en la carta de despido, puesto que es un documento de redacción absolutamente libre a diferencia del contrato de trabajo, que suele presentarse en unos modelos oficiales.

El despido es la extinción de la relación laboral a instancias de la empresa, y puede fundamentarse en lo que llamamos causas objetivas o en incumplimientos del trabajador. No entraremos en este momento a analizar qué incumplimientos son sancionables con el despido, ni qué causas objetivas son alegables, sino que por ahora nos limitaremos a ver los requisitos formales que debe reunir una carta de despido.

Y decimos carta porque siempre, sin excepción, el despido debe efectuarse por escrito: un despido verbal en nulo, sin más.

Con la carta se pretenden dos objetivos: comunicar al trabajador la decisión adoptada exponiéndole las causas de la misma, y tener un justificante de haberle hecho precisamente esa comunicación. Es un documento crucial: de su redacción puede depender en buena medida que un hipotético juicio por despido se gane o se pierda. Por supuesto que la realidad de los hechos alegados es lo fundamental, y la capacidad para demostrarlos, pero el rigor en su explicación puede incluso evitarnos un juicio, porque el trabajador o su letrado entiendan que el despido está demasiado bien argumentado como para aventurarse en un pleito.

La carta debe reflejar por supuesto la fecha en la que se producirá la extinción de la relación laboral. Hay despidos que exigen un preaviso (que puede suplirse por su equivalente en dinero) y otros no, pero en todo caso ha de quedar claro desde qué fecha el trabajador ya no debe prestar sus servicios en la empresa.

Han de exponerse con todo detalle las causas que justifican el despido. Y la expresión con todo detalle no es un eufemismo: si se trata de un incumplimiento del trabajador hay que explicar qué, cómo, cuándo y dónde. Lo contrario genera según criterio de muchos jueces la llamada indefensión, es decir, la falta de posibilidades del trabajador para defenderse ante unas acusaciones inconcretas. Y esa indefensión suele conllevar la improcedencia del despido, cuando no su nulidad. Es decir, con todo detalle ha de explicarse la motivación que ha llevado al despido, y en qué norma (ley o convenio) se basa.

Y si se trata de causas objetivas imputables a la empresa (causas económicas o de organización) también hay que detallarlas y apoyarlas con datos y números que las justifiquen y permitan al trabajador valorar hasta qué punto la causa está justificada o procede impugnar el despido. En este caso, además, es preciso cumplir ciertas condiciones en cuanto a la puesta a disposición del trabajador de las cantidades que se le ofrecen como compensación indemnizatoria, pero esto será objeto de otro artículo.

Puede parecer que dando mucha información desvelamos de hecho nuestra estrategia de cara a un hipotético juicio, y no deja de ser cierto. Pero hemos de ser conscientes de que, puestos a ir a juicio, hay que ir en condiciones. Y si no se tienen bases suficientes para despedir, mejor negociar una salida indemnizada y ahorrarse todo el engorroso procedimiento de un despido y su consiguiente reclamación judicial.

Resulta fundamental, por último, poder acreditar que el trabajador ha recibido la carta, para lo cual disponemos de tres medios: o bien el despedido firma la carta (añadiendo si lo desea que no está conforme), o bien se le remite por un medio como el burofax que acredite su recepción o el intento de entrega, o bien dos testigos firman conforme han presenciado la comunicación, sin que por supuesto su firma implique estar de acuerdo o no con el contenido de la carta y por tanto con el despido mismo.

Pocas cosas más peligrosas, por tanto, que un despido efectuado en caliente, sin meditarlo ni tomarse la molestia de encargar a un profesional que redacte el escrito. Al despedir a alguien, decisión lamentable siempre para un empresario, la cabeza fría y tener presente que siempre es preferible esperar un par de días hasta tener un escrito en condiciones que dejarse llevar por las prisas y redactar cuatro líneas con la intención de zanjar el tema cuanto antes.

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