La geografía de la justicia

despido en EspañaEste mapa representa una de las mayores pesadillas de los abogados. Y de rebote, claro está, de sus clientes. Pero tal vez ellos no sean tan conscientes.

En él se refleja estadísticamente la tendencia de los magistrados de lo social a la hora de sentenciar en los conflictos entre empresas y trabajadores, según las diferentes provincias españolas.

Lo que de este mapa se deduce es que, dependiendo de en qué zona de España radique nuestra empresa, nuestras posibilidades de afrontar con éxito una reclamación judicial que nos formule un empleado varían de forma notoria.

¿Por qué digo que esto es la pesadilla de cualquier abogado? Porque para nosotros un elemento fundamental de nuestro desempeño cotidiano es lo que llamamos la seguridad jurídica, que podríamos definir como esa tranquilidad de saber que, en condiciones normales, el resultado de un litigio es razonablemente previsible. Por supuesto, hay mil factores que influyen en ganar o no un pleito: que el propio abogado sea bueno o simplemente esté inspirado, que los testigos declaren bien, que el propio cliente no se equivoque clamorosamente en sus respuestas o que, sí, no se sorprendan, no nos haya engañado demasiado al explicarnos su historia. Bueno, y por supuesto: que tengamos razón.

Todo eso entra dentro de los gajes del oficio. Hasta si me apuran que el juez esté cansado porque haya dormido mal la víspera. Pero lo que no debería suceder nunca, bajo ningún concepto, es que uno parta ya de entrada con una ventaja, o desventaja, por el hecho de que en su provincia los jueces sean progresistas o conservadores, según esa maldita clasificación que nunca debió hacerse, al menos en el terreno judicial.

La estadística no cree en casualidades. Está elaborada sobre miles de resoluciones. Y nos demuestra que, por ejemplo, en Barcelona una empresa lo tiene mucho más difícil que en Madrid para ganar un juicio contra un trabajador. A quienes conciben la justicia laboral como una especie de linchamiento de empresarios tal vez les parezca bien. O a los que creen que el empresario siempre y bajo cualquier condición ha de poder decidir a su antojo. Pero a los que creemos en la justicia simple y llana, nos produce una desazón considerable.

Ya lo saben: antes de embarcarse en un juicio, cojan un mapa…

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